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Pablo Albo desplegó en San Rafael -segunda jornada del Festival de Narración Oral de El Espinar- su mundo de relatos. Lo hizo con humor fino, toque surrealista, ritmo preciso y mucha imaginación. Desde sus primeras palabras, el público entró en el juego.
Al alicantino se le vio cercano, relajado y muy a gusto. Todo acompañó: la escucha del público y su entrega trenzó esa complicidad que aparece cuando los cuentos encuentran su sitio.
Funcionó el mecanismo mágico de la narración oral. Las palabras fluyeron con naturalidad, juego y sorpresa. A veces, sin pedir permiso antes de salir.
El aire libre y la temperatura agradable de la noche acompañaron el disfrute de la narración. La palabra de uno de los grandes narradores contemporáneos creó con el público una sesión directa, cercana y participativa.
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